Yo ya sé nadar (pero no sé si nado bien)

¿De verdad sabes nadar?

Hay mucha gente que nada desde hace años, incluso décadas.
Hacen largos, se cansan menos que antes, sienten el agua familiar.
Pero un día se preguntan:

“¿Por qué sigo sintiendo que algo no encaja?”

No es que no sepas nadar.
Es que nadar bien no tiene tanto que ver con fuerza o resistencia, sino con cómo fluyes en el agua.
¿Peleas y luchas o te deslizas y fluyes?

Lo que el cuerpo hace sin que te des cuenta

En el agua, el cuerpo busca sobrevivir, no avanzar.
Tu instinto reacciona al miedo a hundirte: levantas la cabeza, aprietas el cuello, mueves más los brazos… y el agua responde frenándote.

Nadar bien no es algo natural o intuitivo.
Nuestro especie está adaptada a la tierra, pero en el agua nuestros instintos fallan.

Por eso puedes llevar años nadando y seguir repitiendo los mismos errores.

Cada brazada deja una huella en tu sistema nervioso.
Si esa huella no es correcta, se convierte en tu patrón.
Y cuanto más lo repites, más difícil es cambiarlo.

No se trata de cuánto nadas, sino de cómo lo haces.
Y nadie mejora sin que alguien vea lo que uno no ve, te lo explique y tomes consciencia de porqué pasan unas cosas y cómo conseguir cambiarlas.

No te falta esfuerzo, te falta información

A veces el problema no es que falte motivación, sino dirección.
Te esfuerzas, haces ejercicios que has visto en YouTube, lees consejos…
Pero el cuerpo solo entiende una cosa: repetición del movimiento correcto.

Cuando un gesto técnico está mal aprendido, el cuerpo se adapta para compensarlo.
Y lo que al principio es solo ineficiente, con el tiempo puede doler.
Por eso, muchos nadadores se estancan o se lesionan sin entender por qué.

Nadar bien no es cuestión de talento

No hay que ser joven, fuerte ni tener cuerpo de nadador.
Hay que entender qué estás haciendo en cada momento y porqué.
Eso es lo que separa al que nada de memoria del que nada con consciencia.

Y esa diferencia se nota enseguida:
el cuerpo deja de resistirse, el agua deja de pelearte, y cada brazada empieza a tener sentido.

Si algo no encaja, hay una razón técnica

Cada cuerpo tiene su historia: su edad, su movilidad, sus lesiones y sus miedos.
La técnica correcta no es una plantilla universal a la que todo el mundo se ha de amoldar.
Si obligas a tu cuerpo a moverse como el de otro, te rompes.
Si entiendes cómo moverte con lo que tienes hoy, fluyes.
Y cuando fluyes, desaparece el dolor.

La técnica se ha de adaptar a ti, y como hay muchas maneras correctas de nadar,
seguro que se puede encontrar la que encaje contigo.
Porque cuando la técnica se adapta a ti, vuelves a disfrutar del agua.

Sé que crees que es una cuestión de fuerza o que con más entrenamiento conseguirás mejorar, pero no es así, hay siempre una razón técnica. 

Prefieres creer que tú solo podrás, pero necesitas alguien que te mire desde fuera para que te observe y detecte de lo que no eres consciente y afecta a tu fluidez. 
Uno no se puede ver a sí mismo, necesita un espejo, una persona que diga lo que se ve. 
Por eso en las clases de baile, de danza, siempre hay espejos en la pared. 
En el mar no hay espejos, en la piscina no hay espejos. 
Necesitas a alguien que te haga de espejo.


Verlo desde fuera cambia todo

En tierra, cualquier entrenador te puede corregir una postura.
Pero en el agua, los detalles son invisibles para uno mismo.

Por eso existe el chequeo técnico: una mirada externa que traduce lo que sientes en datos claros.

Lo que antes parecía esfuerzo se convierte en precisión.
Lo que antes dolía, deja de hacerlo.
Y de repente, disfrutar del agua vuelve a ser fácil.

👉 Chequeo técnico de natación

No se trata de empezar de cero

No vas a desaprender lo que sabes.
Solo vas a ajustar lo que el cuerpo ya hace, para que todo encaje mejor.
A veces basta con un par de sesiones para sentir que algo cambia.
Y cuando lo sientes, ya no hay vuelta atrás: el agua empieza a hablar tu idioma.

Empieza a nadar bien, de verdad

Si llevas tiempo nadando, pero algo no termina de cuadrar, no es falta de fuerza, es que no puedes ver lo que te falla.
Eso es justo lo que trabajo contigo en cada clase: 
entender tu cuerpo, el agua y tu manera de moverte en ella.

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