Delfines nadando con suavidad en mar abierto, simbolizando una técnica fluida y sin dolor al nadar

Nadar bien no duele

A veces pensamos que el dolor al nadar es parte del deporte, que las molestias en los hombros o la espalda son inevitables si entrenas con frecuencia.
Pero no es así, nadar bien no duele.
Si te duele algo al nadar, es que no estás nadando bien y el cuerpo lo nota antes que tú.

El cuerpo avisa

Muchos nadadores lo sienten igual: un pinchazo, una rigidez, un movimiento que cuesta más.
Y lo ignoran.
Hasta que un día el cuerpo dice basta.

El dolor no aparece por casualidad.
No es el mar ni la edad, sino el gesto repetido de forma incorrecta,
esa pequeña descoordinación que al principio pasa desapercibida y con el tiempo se convierte en sobrecarga.

Nadar bien no duele, porque cuando la técnica es correcta, el cuerpo trabaja a favor, no en contra.

Y si duele, no hay que aguantar: hay que entender qué lo causa y corregirlo.
Ahí empieza el progreso real.

Y ojo, que algunos gestos técnicos que ves en nadadores profesionales quizás a ti no te convengan (a ellos tampoco, pero así es el deporte de élite).

La fuerza mal entendida

Durante años nos han repetido que el esfuerzo lo es todo.
Que hay que empujar siempre los límites.
Y eso está bien en parte, pero no siempre y no para todos y en todo momento.
No es lo mismo esforzarse que forzarse.

El agua no premia la fuerza sin control; premia la coherencia entre tu mente y tu cuerpo.
Cuanto más golpeas al agua, más te frena.
Cuando te integras en ella, te deja pasar.

A veces hay que pararse y reflexionar sobre lo que estás haciendo.
Si el cuerpo te avisa, escúchalo.

Empujar más fuerte, mover más agua, no sirve de nada si para hacerlo la forma de tu cuerpo te frena.
Y nadar con consciencia, no con violencia, es el principio de una técnica duradera.

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No te adaptes tú a la técnica: que la técnica se adapte a ti.

Cada cuerpo tiene su historia: su edad, su movilidad, sus lesiones y sus miedos.
La técnica correcta no es una plantilla universal a la que todo el mundo se ha de amoldar.
Si obligas a tu cuerpo a moverse como el de otro, te rompes.
Si entiendes cómo moverte con lo que tienes hoy, fluyes.
Y cuando fluyes, desaparece el dolor.

La técnica se ha de adaptar a ti, y como hay muchas maneras correctas de nadar,
seguro que se puede encontrar la que encaje contigo.
Y cuando la técnica se adapta a ti, vuelves a disfrutar del agua.

El ego también se lesiona

La mayoría de lesiones no empiezan en el hombro, sino en la cabeza.
En esa voz interior que dice “tienes que ir más rápido”, “aguanta un poco más”, “no te quedes atrás”.
Pero no tienes que demostrar nada a nadie. Yo tampoco.

No todo en la vida tiene que consistir en ser más rápido o mejor que otro. 
No todo en la vida tiene que ser demostrar que eres mejor que otro.
El mar no mide, no puntúa, no compara.
Solo te muestra si estás en calma o en guerra contigo mismo.

Aceptar el límite de hoy no significa rendirse; significa respetarse.
Y ese respeto es el camino para que disfrutes de la natación para siempre.


El agua enseña ritmo, no velocidad

El agua tiene su propia música.
Si entras con brusquedad, desafinas.
Si la escuchas, te marca el compás.

Nadar bien no es únicamente ir rápido, sino encontrar el ritmo que el cuerpo y el mar pueden sostener juntos.
Por eso, los mejores nadadores (no me refiero exclusivamente a los más rápidos) nadan como si no les costara desplazarse, son ligeros, fluidos.
Han aprendido a bailar con el agua.
Y no es mejor bailarín el que mueve más rápido los pies, los brazos o las caderas. 
El mejor bailarín es el que siguiendo la música, se sintoniza mejor con su pareja moviéndose por el espacio y el tiempo.
Nadar es eso, sintonizar, conectar. 
Y entonces aparece la verdadera fluidez, la armonía.

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Nadar bien es cuidar de ti

Un buen gesto técnico no solo te hace avanzar más; te protege.
La repetición correcta te fortalece, la incorrecta te destruye.

Aprender técnica es una inversión para cualquier cuerpo que quiera durar.

👉 Clases de natación en el mar en Barcelona y Sitges

Recupera el placer de moverte sin dolor

Si cada brazada te pesa o sientes molestias al nadar, no lo ignores: es el momento perfecto para aprender a hacerlo bien.

Trabajo contigo dentro del agua, corrigiendo tu gesto y enseñándote cómo nadar sin sufrir.

📍 Barcelona – Playa de Llevant
📍 Sitges – Cala Balmins

En las clases de natación en el mar aprenderás:

  • la técnica que necesitas adaptada a tu caso
  • a nadar sin tensiones ni lesiones
  • a corregir aquello que necesitas para que no te duelan los hombros u otra parte del cuerpo
  • a entrenar con cabeza
  • a marcarte objetivos realistas
  • a saber entrenar